domingo, 10 de mayo de 2015

Los biotecnólogos no son malos



29-3-2015
Apagó la tele de mal humor. Le parecía indignante. En todas las series era igual, cada vez que salía un biotecnólogo en una serie quería destruir como mínimo a la mitad de la humanidad. ¿Qué les habían hecho a los guionistas para que les odiaran tanto? Porque llevaba cuatro años estudiando biotecnología y en ninguna asignatura había tenido el tema de: aplicación de la metodología biotecnológica a la erradicación de la humanidad y la destrucción planetaria. Lo que había aprendido en todo ese tiempo en la universidad servía para salvar vidas o mejorar procesos de producción, pero no para matar. Era cierto que alguien con sus conocimientos podía dedicarse a hacer el mal, pero eso se aplicaba a cualquier disciplina. Los físicos habían inventado la bomba atómica y sin embargo se veían transformados en superhéroes; en cambio ningún biotecnólogo había destruido aun a nadie y se les presentaba siempre como criminales. ¿Por qué? Era imposible de comprender.

Cada vez que veía algo así pensaba que había que buscar la manera de demostrarle al mundo que no eran unos monstruos, que ellos también podían ser superhéroes. Literalmente no, el mundo ya tenía bastantes locos, como el que se hacía llamar hearingman, ni que fuera un lord inglés. A lo que se refería era a que tendrían que hacer algo grande para demostrar al mundo como eran en realidad. Por eso se pasaba todas las noches trabajando a solas, porque esperaba que su pequeño proyecto pudiera mejorar el mundo.

30-3-2017
Colgó el teléfono sonriente. Después de dos años de trabajo duro acababa de realizar la primera venta de su empresa. Aún tenía la convicción de que con su invento podría mejorar el mundo, y parecía que estaba en el camino correcto. Por el momento trabajaba en un diminuto laboratorio que le alquilaba a otra empresa, pero cuando hiciera un par de ventas más podría conseguir un sitio propio y contratar trabajadores y hacer que todo el mundo oyera hablar de sus maravillosas semillas FreeO.

Sabía que el producto era bueno así que no tenía nada que temer, se vendería solo. ¿Quién no querría una planta con una producción mucho mayor? Vale que no fueran fértiles, pero no le serviría de nada comercializar un producto que solo pudiera vender una vez. Todavía solo vendía trigo, pero dentro de poco, cuando lo aprobaran los gobiernos se podrían obtener muchos otros vegetales. Realmente no le costaba nada modificar una planta, para algo había elegido la Rubisco como objetivo, era la enzima más conservada y además tenía un fallo lo suficientemente grande como para poder mejorar mucho su productividad.

31-3-2018
Abrió la puerta con entusiasmo. Ahora tenía un edificio propio, con sus laboratorios de último modelo y su gran despacho. Las ventas no habían hecho nada más que subir desde el primer día. Solo un año después la mitad de los agricultores del país plantaban su trigo, y estaba a punto de sacar a la venta una línea de tomates.

Aun así no le convencía lo que estaba haciendo. Estaba enriqueciéndose a marchas forzadas, pero ese nunca había sido su objetivo. Al empezar con todo eso iba buscando mejorar el mundo y demostrar que los biotecnólogos no eran malos, pero por el momento no había logrado nada de eso. Había gente que seguía muriéndose de hambre pese a que no paraba de aumentar la producción mundial de trigo. ¿A dónde iba a parar todo el alimento que generaban sus semillitas?

1-4-2038
Bostezó lentamente y se hundió un poco más en el gran sillón de cuero. Esa semana su empresa había subido varios puntos en la bolsa. En esos momentos se encontraba entre las diez personas más poderosas del mundo. Sus semillas suponían casi el 90% de la producción mundial de comida. Pero seguía sin ser feliz. A parte de acumular millones en el banco no había conseguido nada.

Tenía la sensación que en vez de mejorar el mundo lo había empeorado. Cada vez que veía las noticias hablaban de grandes incendios que se sucedían en distintos puntos del planeta. Al principio había pensado que solo se trataba de una mala racha, simple casualidad; pero después había tenido una idea inquietante. Se le había ocurrido medir los niveles de oxígeno libres en la atmósfera y habían subido mucho desde que era joven., y la única causa que se le ocurría para este aumento eran sus plantas. Había aumentado significativamente la masa fotosintética del planeta y eso había llevado a una mayor liberación de oxígeno, por lo que aumentaba la probabilidad de incendio. En resumen, había convertido la Tierra en un incendio en potencia.