domingo, 3 de mayo de 2015

La vuelta a casa



Ajustó la tuerca lo más fuerte que pudo, esperaba que con eso bastase. Era lo único que le faltaba por probar. El ordenador seguía insistiendo en que todo funcionaba correctamente, pero la comunicación todavía era incapaz de recibir señal de casa.

Sabía que existía otra posibilidad, pero se negaba a aceptarla. El problema tenía que ser suyo, no de la Tierra. La situación política estaba un poco tensa cuando se había marchado, pero había pasado tiempo, tenía que haberse calmado. ¿O no? Tenía que dejar de ser tan pesimista. Abajo estaban bien y él estaba bien, ya estaba, no hacía falta ponerse en lo peor.

Subió rápidamente a la cabina y encendió las comunicaciones. Como siempre la pantalla indicaba que el sistema estaba en línea. Ojalá esa vez fuera verdad. Empezó a trasmitir.

–Star wanderer llamando a la Tierra ¿Me reciben?

–…

–Tierra, aquí Star wanderer ¿Me reciben?

Nada. Solo estática sonando sin parar. ¿Qué ocurría? Intentaba tranquilizarse pero era imposible, después de cuatro años solo en la nada regresaba a casa y se encontraba con que nadie le respondía. ¿Se habrían olvidado de él? ¿Habrían cancelado el proyecto abandonándole en el espacio? Aún tenía la esperanza de que solo fuera un fallo mecánico, pero algo en su interior le decía que no era así.

Paró la nave en seco. Necesitaba viajar a una velocidad inferior a la de la luz para que las cámaras convencionales fueran funcionales. Aún se encontraba a un año luz de la Tierra así que lo que pudiera ver ya había pasado hace tiempo pero así podía hacerse una idea de lo que podría haber pasado. Al principio solo vio un tranquilizador punto azul en la lejanía, pero cuando hizo zoom se quedó aterrado. Cada poco se apreciaban unos fogonazos intensos en la superficie del planeta, y después de un rato nada. ¿Qué acaba de presenciar? ¿Eso eran explosiones? ¿Qué estaba pasando en la superficie?


Necesitaba volver a casa rápidamente. Aceleró los motores y puso la máxima velocidad. Una hora después ya estaba decelerando a la altura de Marte. Las luces amarillas que se solían ver al acercarse al planeta se habían sustituido por apagadas manchas rojizas, como fuegos encendidos.

Ninguna base de aterrizaje contactaba con él, lo que a la vista del estado del planeta parecía normal. ¿Qué había pasado en su ausencia? ¿Era el único ser humano en todo el universo? No podía realizar el aterrizaje previsto con la ayuda de todo un centro de computación, tendría que improvisar un aterrizaje de emergencia. Desplegó todos los alerones, dispuso la nave en el ángulo adecuado y redujo la velocidad al máximo. En teoría debería funcionar, estaba diseñado para ello, pero no estaba seguro que los mamparos de protección fueran a aguantar las temperaturas elevadas, sabía que había habido recortes durante su construcción. Cerro los ojos, no quería ver como ardía el mundo a su alrededor.

Notó una sacudida intensa, parecía que ya estaba en la superficie y seguía vivo. En la pantalla parpadeaban varios pilotos rojos. Se habían desprendido algunos de los mamparos, los anclajes de los soportes se habían torcido y un alerón se había roto; aun así seguía vivo, que por lo que temía era más de lo que se podía decir de los habitantes del planeta.

Esperó a que la nave se enfriara y salió al exterior. El espectáculo era horrible. A su alrededor todo estaba derruido, como si hubieran caído miles de bombas. Cuando entró en la ciudad más cercana el espectáculo no cambió, había cadáveres tirados en el suelo, manchas de sangre y montañas de escombros. No sabía que había pasado en el planeta, pero lo que si estaba claro era que había sido una masacre. Buscó en varios edificios y no había rastro de supervivientes, estaba solo.
Caminó despacio, deprimido por el estado de su hogar, de vuelta a la nave. Se paró. Le había parecido que algo se estaba moviendo. Corrió hacia el lugar, esperanzado.

–Ayuda… –Murmuró un hombre tendido en el suelo.
Cuando llegó se había desvanecido. Estaba malherido y mal alimentado, pero con un poco de ayuda podía sobrevivir. Lo llevó a la star wanderer donde hizo todo lo que pudo para curarle.

– ¿Dónde estoy? –Preguntó con la voz quebrada al despertar.

–En la nave Star wanderer.

– ¿La que partió hace cuatro años en busca de nuevos mundos con un solo hombre?

–Si. Acabo de regresar. ¿Qué pasó? ¿Por qué están todos muertos?

–Estalló la guerra. Unos dispararon primero y los otros respondieron con más tiros. Después llegaron las bombas y los drones, y cuando quisieron darse cuenta ya no quedaba nadie. Todos… Solo unos pocos, yo, quizá otros… No sé porque, pura suerte; pura mala suerte. Sobrevivir para caminar entre los cadáveres de los tuyos.

–Este no es lugar para vivir, ya no.

–Es lo que nos queda.

–No. Tenemos el espacio.

– ¿El espacio?

–Si. Con un poco de trabajo podemos convertir la Star Wanderer en una verdadera vagabunda de las estrellas con autonomía total, y alejarnos de este planeta muerto.

–Vamos.