domingo, 24 de mayo de 2015

Exterior - 8414-7098



La comida ya estaba. Alargó la mano y extrajo la bandeja. Estaba fría, el dron se había vuelto a retrasar y era la tercera vez ese mes. Ya se estaba cansando, se suponía que vivían en el mejor mundo que había construido el ser humano. Se suponía que habían superado las adversidades que habían creado sus antepasados por ignorancia o por egoísmo. Al menos esa era la historia que siempre le habían contado una y otra vez, tan repetida que se la sabía de memoria:

Todo había empezado doscientos años antes, cuando la Tierra sufría una epidemia de superpoblación. Las materias primas resultaban casi inaccesibles y no había espacio para que todas las personas pudieran vivir. La gente de aquella época se enfrentaba a un complejo dilema. ¿Como conseguir espacio y comida para todos? ¿Como evitar que el planeta se desmoronara de tal forma que fuese imposible mantener más generaciones sobre su superficie? Y entonces las mejores mentes crearon las cápsulas. Fruto de años de trabajo desesperado, sin esperanzas de éxito, las cápsulas eran pequeños habitáculos destinados a sustentar a un individuo a lo largo de toda su vida que se podían almacenar en altas torres compactas. Así se reducía la superficie del planeta desperdiciada en viviendas y podían aprovecharla para la producción automatizada de comida.

Y ahí estaba, dentro de la cápsula número 8414-7098, esperando a que los drones se llevaran los restos de su comida para poder ponerse a trabajar. Notó un temblor. ¿De verdad? ¿Se estaban dedicando a adaptar la arquitectura en ese momento? No se podía negar que estaba teniendo un mal día. La pantalla se iluminó, mostrando el típico mensaje de "Mantenga la calma, esto es una operación rutinaria." Se recostó exasperado, odiaba ese tipo de cambios de última hora. El movimiento cambió, en lugar del típico bamboleo horizontal sintió una fuerte aceleración hacia abajo ¿Qué estaba pasando? Los niveles inferiores estaban dedicados al almacenamiento de comida y al reciclaje de cápsulas. No tenía sentido que bajara, no era un lugar para él, eso estaba claro.

Frenó. La cubierta superior de la cápsula se desprendió. ¡No! Antes estaba extrañado, pero en ese momento estaba totalmente asustado. El techo estaba diseñado para que solo se abriera en un único momento, cuando el ocupante estuviera muerto; y él estaba convencido al 98% de que todavía seguía vivo. Un brazo robótico se le aproximaba lentamente. Estaba lleno de unas manchas marrones y tenía la sensación de que no se trataban de óxido. Tenía que alejarse de ahí, pero ¿Cómo? Antes la gente sabía caminar y correr, pero con la tecnología de ese momento esas habilidades se habían quedado obsoletas, ni siquiera tenían espacio para desarrollarlas; pero lo que estaba claro era que algo tendría que hacer si no quería que esa máquina lo tratase como si ya estuviera muerto, porque si se quedaba quieto sí que sería un muerto de verdad.

Lo primero que quiso probar fue enviar un código de socorro a través del ordenador. Al leer: “Estamos tramitando su emergencia, espere…” pensó que había funcionado, pero en lugar de detenerse el brazo robótico el único cambio fue el típico mensaje de "Mantenga la calma, esto es una operación rutinaria." en la pantalla. No tenía sentido, deberían existir múltiples protocolos de seguridad que previnieran una situación como esa; casi parecía intencionado... Tenía que salir de ahí, de alguna forma tenía que conseguir alejarse de ese artefacto. Se intentó impulsar con los brazos. Pesaba demasiado, no podía. Miró hacia arriba, el brazo robótico llegaría a su altura en menos de un minuto. Estaba acabado, no había escapatoria. Rodó con fuerza hacia el lateral de la cápsula. Esta se balanceó suavemente. Repitió esta misma acción varias veces, hasta que le dolieron todos los músculos por el esfuerzo. No podía pararse en ese momento, casi lo había conseguido. Dio un empujón más, sacando fuerzas de donde no había. El habitáculo volcó, disparando su cuerpo a un par de metros de distancia; a salvo. Respiró hondo y contempló como el brazo robótico descendía sobre la cápsula, intentando agarrar un cuerpo que ya no estaba ahí.

Llevaba como mínimo una hora tirado en el suelo cuando llegó otra cápsula para su reciclaje. Tenía escrito el número 8414-7099. Qué raro, justo la siguiente a la suya; quizá antes habían querido reciclar esa y se habían equivocado al coger la suya. La cubierta se retiró y en ese momento salió un grito de terror del interior. ¿También estaba vivo? Eso ya no tenía ningún sentido. ¿Los estaban matando por algún motivo? Los gritos se intensificaron. El brazo robot estaba rozando el cuerpo. Se tapó los ojos, no quería ver lo que estaba a punto de pasar. Lo que no pudo hacer fue taparse los oídos, así que escucho los gemidos de dolor hasta que se acabaron de golpe.

No había ninguna duda, aquello era intencionado. Por algún motivo alguien quería reciclar las cápsulas antes de tiempo. Miró a su alrededor, había multitud de máquinas en funcionamiento pero la cápsula usada solo pasaba por un par de ellas. ¿Qué hacían todas las demás? No tenía muy claro que quisiese averiguarlo. Quería marcharse de ahí, y rápido. Intentó ponerse de pie, usando la postura que había visto en los videos antiguos; pero resultó ser mucho más complicado de lo que parecía, además de peligroso. Una vez descartado lo de caminar probó a arrastrarse por el suelo impulsándose con los brazos. Avanzó un poco. Se dirigió como pudo hacia una pared por la que se filtraba un poco de luz.

No podía más, se había mareado, el cuerpo entero le dolía y había descubierto músculos que no sabía que tenía; pero por fin había llegado a la abertura. Era una especie de puerta, tan luminosa que no podía distinguir lo que había fuera; solo pudo apreciar una silueta erguida que se le acercaba.