domingo, 19 de abril de 2015

La idea



Se levantó sonriente. Se sentía feliz. Por primera vez en mucho tiempo había dormido bien, sin despertarse cinco veces durante la misma noche. Mientras soñaba había tenido una gran idea para una nueva historia. Eso era nuevo, hacía ya mucho tiempo que su mente estaba vacía, seca, sin ideas. En ese momento la recordaba perfectamente, pero tenía miedo que se le fuera a olvidar como le pasaba siempre que se le ocurría algo mientras dormía. Para evitarlo estuvo pensando en su idea una y otra vez, obligándose a memorizarla hasta que podía recitarla como si fuera una tabla de multiplicar. Así comprobó que no se había equivocado y que valía la pena ponerse a escribir su nueva historia.

Volvió a repasar mentalmente la idea. Iba a intentar describir un futuro no muy lejano en el que las empresas publicitarias tendrían un gran peso en la sociedad gracias al gran poder económico que ganarían espiando a los consumidores para conocer sus hábitos y sus intereses y así poder venderles sus productos de forma más eficiente. Todo esto desbancando a la CIA y otras agencias tradicionales, pudiendo manejar gobiernos y determinando como iba a ser la vida de cada individuo. Ya estaba, se había convencido. Era perfecto, podía aprovechar el miedo que tenía la sociedad a que sus secretos fueran revelados, eso siempre triunfaba. Ahora solo tenía que convertirlo en palabras y crear algo original antes de que se le ocurriera a alguien más.

Era el momento. Se dirigió a su estudio con ilusión por escribir una vez más. Se sentó en la silla. Levantó con cuidado la tapa del portátil, dejando a la vista el teclado negro. Sacó el equipo del estado de hibernación al pulsar el botón de encendido para recuperar su sesión anterior. Se abrió en su navegador de Internet donde había estado viendo los periódicos la noche anterior, y en ese momento descubrió que la realidad le había robado su idea.