domingo, 17 de abril de 2016

Culpa



Miró alrededor. Ya no quedaba nada, todo perdido, destruido, acabado para siempre. Desde el principio había sabido que terminaría así, pero eso no mejoraba la situación, solo hacía que se sintiera impotente, utilizado por el universo para llevar a cabo sus planes crueles. En teoría eso debería hacerle sentir mejor, hacer que llegara a la conclusión de que nunca había existido ninguna manera de evitarlo, que cualquier otra cosa que hubiera intentado habría dado el mismo resultado. Pero su mente no funcionaba así, en el fondo de su cerebro, en una pequeña región prácticamente olvidada un pensamiento le pinchaba diciendo: “¿Seguro que no se podría haber hecho nada? Siempre hay otra opción”. Por mucho que supiese que aquella vez no había cabida para otra opción seguía preguntándose si no era solo una excusa barata para evitar reconocer que había fracasado.

Todo daba igual, ya todo daba igual, solo hacía falta echar una ojeada a su alrededor. Ya no había opciones, ya no había marcha atrás; todo había acabado y había acabado mal. Intentó hacerse a la idea, seguir adelante, pero era demasiado pronto y estaba demasiado cerca. Todavía podía ver los restos de lo sucedido, todavía podía recordar cada uno de los pasos que había dado ese maldito día. Intentó alejarse del lugar, pero tampoco pudo, había algo que le retenía ahí, en el centro de todo aquello, algo que le impedía marcharse sin más, como si nada hubiese pasado. Quizá debería quedarse a llorar o simplemente a esperar a que fuese el momento, a que aquella pesadilla le soltara. Quizá.

No supo cuánto tiempo pasó, tampoco le importaba. En esos momentos ya no le importaba absolutamente nada. Ya no estaba a punto de llorar, ya no miraba constantemente a su alrededor, ya no comprobaba sin parar que no estaba soñando. Simplemente se sentaba en una calma fingida, dejando la mente lo más en blanco posible, que tampoco era mucho. Ya no dudaba que hubiera podido hacer alguna otra cosa para solucionarlo, sabía que era así; pero también sabía que no se podía hacer nada, que ya no había marcha atrás.

Se levantó. Se levantó y se marchó sin volverse. Sabía que todo lo que había pasado era su culpa y nunca lo olvidaría.